El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville —Extraordinario —exclamó Sir Thomas—, tiene usted también que leer la mano de mi mujer.
—La de su segunda mujer —dijo Mr. Podgers gravemente, reteniendo aún entre las suyas la mano de Sir Thomas—, la de su segunda mujer. Con mucho gusto…
Pero Lady Marvel, una mujer de aire melancólico, cabellos oscuros y pestañas sentimentales, se negó rotundamente a que exhibieran ni su pasado ni su porvenir. Y por más que hizo Lady Windermere, no pudo convencer al Embajador ruso, Monsieur de Koloff, a que se despojara de sus guantes.
Mucha gente, en fin, pareció temer enfrentarse con aquel extraño hombrecillo, de sonrisa estereotipada y ojos brillantes como azabaches tras sus gafas de oro. Y cuando dijo a la pobre Lady Fermor, ante todo el mundo, que no le interesaba lo más mÃnimo la música, pero que era extremadamente aficionada a los músicos, fue opinión general que la quiromancia era una ciencia muy peligrosa y que no debÃa ser fomentada, sino en tête-á-tête.
Sin embargo, Lord Arthur Savile, que ignoraba el lamentable incidente de Lady Fermor y que habÃa estado observando a Mr. Podgers con gran interés, sintió una curiosidad irresistible de que le leyesen su mano; mas, sintiendo una cierta timidez, se dirigió hacia Lady Windermere y ruborizándose deliciosamente le preguntó si creÃa que Mr. Podgers tendrÃa inconveniente en hacerlo.