El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville —Naturalmente que no —repuso Lady Windermere—; para eso está aquÃ. Todos mis leones son los leones amaestrados, mi querido Lord Arthur, y saltan por el aro cuando yo lo mando. Pero debo advertirle a usted que le contaré a Sybil cuanto diga. Mañana, justamente, vendrá a comer conmigo para hablar de sombreros y si Mr. Podgers descubre que tiene usted mal carácter, propensión a la gota, o alguna entretenida en Bayswater, puede usted tener la seguridad de que la pondré al corriente de todo.
Lord Arthur sonrió e hizo una inclinación de cabeza.
—Nada temo —contestó—. Sybil me conoce tan bien como yo a ella.
—Lo lamento de veras. El principio fundamental del matrimonio es una mutua incomprensión. No; no es cinismo; es simplemente experiencia, que viene a ser lo mismo. Mr. Podgers, Lord Arthur está deseando que lea usted su mano. No le diga usted que tiene relaciones con una de las muchachas más bonitas de Londres, porque el anuncio de su boda lo ha dado ya el Morning Post hace más de un mes.
—Querida Lady Windermere —exclamó la Marquesa de Jedburgh—, permita usted que retenga a MÃster Podgers un minuto más. Acaba de decirme que me deberÃa dedicar a la escena y estoy interesadÃsima…