El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville Su inteligencia se rebelaba contra esta idea; sin embargo, sentÃa algo trágico suspendido sobre su cabeza y que inesperadamente habÃa sido llamado para soportar una carga intolerable. ¡Qué felices los actores! Pueden escoger entre la representación de la tragedia o la comedia, entre sufrir o alegrarse, entre llorar o reÃr. Pero en la vida real es muy distinto. La mayorÃa de los hombres y las mujeres se ven obligados a representar papeles para los que no estaban llamados. Nuestros Guildensterns interpretan Hamlet, y nuestros Hamlets quieren chancear como el PrÃncipe Hal. El mundo es un inmenso escenario, pero la obra está muy mal distribuida.
De pronto, Mr. Podgers entró en la habitación. Al ver a Lord Arthur se estremeció y su rostro, adiposo y vulgar, tornóse amarillo verdoso. Los ojos de ambos se encontraron y durante unos instantes reinó un profundo silencio.
—La Duquesa ha olvidado aquà uno de sus guantes y me ha rogado que se lo lleve —dijo al fin Mr. Podgers—. ¡Ah, ahà lo veo! En el sofá. Buenas noches.
—Mr. Podgers, le ruego a usted de nuevo que me conteste categóricamente a la pregunta que voy a hacerle.
—Más tarde, Lord Arthur, la Duquesa está esperándome. No tengo más remedio que irme.
—No se irá usted. La Duquesa no tiene prisa.