El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville Allá, en la lejanía, formaban curva las luces de los faroles y, ante una casita rodeada de tapias, aguardaba un fiacre solitario, en cuyo interior dormitaba el cochero. Lord Arthur caminó rápidamente en dirección de Portland Place y miraba de vez en cuando a su alrededor, como si recelara que le siguiesen. Al doblar la esquina de Rich Street, se encontró con dos hombres parados, que leían un cartel pegado sobre la valla. Una extraña curiosidad se apoderó de él y atravesó nuevamente la calle en dirección a ellos. Cuando se hubo aproximado, la palabra «Asesino», impresa en negros caracteres, hirió sus ojos. Sintió estremecerse y una oleada de sangre sonrojó sus mejillas. Era un anuncio ofreciendo recompensar a quien diese noticias que permitiesen descubrir a un hombre de estatura media, entre los treinta y los cuarenta años, vestido con chaqueta negra, pantalones escoceses y sombrero blanco y con una cicatriz en el carrillo derecho. Lord Arthur leyó y releyó el anuncio, preguntándose si sería detenido el desgraciado y cuál podría ser el origen de aquella herida. ¡Quién sabe si algún día también era anunciado su nombre en los muros de Londres! ¡Quién sabe si algún día también era puesta a precio su cabeza!
A esta idea palideció de terror, y, girando sobre sus talones, apresuró el paso en la noche.