El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville No obstante su rudeza, sus zapatones ferrados y su torpe andar, traían consigo un no sé qué de arcádico. Le daban la sensación de haber vivido con la Naturaleza y de haber aprendido de ella la paz. Y les envidió la ignorancia en que vivían.
Cuando llegó a Belgrave Square, en el cielo apuntaba un azul indeciso y los pájaros comenzaban a piar en los jardines.
Cuando despertó Lord Arthur, eran ya las doce y el sol del mediodía se filtraba en su alcoba a través de las cortinas de seda marfileña. Levantándose, se asomó a la ventana. Una niebla profunda caía sobre la ciudad y los tejados eran como de plata empañada. Y abajo, sobre el césped fluctuante de la plaza, unos niños jugaban semejantes a blancas mariposas que revolotearan; las aceras desbordaban de gente que caminaba hacia el parque. Nunca le pareció la vida tan hermosa ni tan remota la maldad.
