El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville En aquel momento su ayuda de cámara le entró en una bandeja una taza de chocolate. Cuando la hubo bebido, descorrió una pesada cortina de felpa color albérchigo y pasó al cuarto de baño. La luz caía suavemente del techo, a través de las sutiles placas de ónix y el agua de la pila de mármol relumbraba como una piedra lunar. Sumergióse rápidamente, hasta que el agua le hubo llegado a la garganta y los cabellos; y entonces, hundió la cabeza de improviso, como si hubiera deseado de este modo borrar el estigma de un recuerdo vergonzoso. Cuando salió del baño sintióse casi tranquilizado. El bienestar físico del momento predominaba, como acontece con frecuencia en las naturalezas refinadas; porque los sentidos, como el fuego, pueden lo mismo purificar que destruir.