El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville Lord Arthur puso la cápsula en una preciosa bombonera de plata, que había comprado en una tienda de Bond-Street, arrojó la cajita que le facilitaron en el almacén de Pestle and Humbey y se dirigió inmediatamente al domicilio de Lady Clementina.
—Muy bien, Monsieur le mauvais sujet —exclamó la anciana señora, cuando hubo franqueado la puerta del salón—. ¿Por qué razón no ha venido usted a verme durante tanto tiempo?
—Mi querida Lady Clem, nunca dispongo de un instante libre —se disculpó Lord Arthur, sonriendo.
—¿Supongo, querrás decir, que te pasas el día al lado de Miss Sybil Merton, comprando chiffons y diciendo tonterías? Nunca he logrado comprender por qué la gente mete tanto ruido para casarse. En mis tiempos, nunca nos hubiéramos atrevido a hacer tanta ostentación pública y privada de cosas tan triviales.
—Le aseguro a usted que no he visto a Sybil desde hace veinticuatro horas, Lady Clem. A lo que parece, está en manos de las modistas.