El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville —¡Naturalmente! Sólo asà se explica que vengas a ver a una pobre vieja como yo. Nunca me he explicado por qué los hombres no escarmientan en cabeza ajena. On a fait des folies pour moi, y aquà me tienes, hecha una desdichada reumática, con pelo postizo y un genio de todos los demonios. Y si no fuera por esa querida Lady Jansen, que me envÃa las novelas francesas más detestables que puede encontrar, no sé cómo me las arreglarÃa para pasar el tiempo. Los médicos no sirven para nada, como no sea para cobrar sus honorarios. Ni mi acedÃa son capaces de curar.
—Le traigo a usted un remedio para ello, Lady Clem —dijo Lord Arthur gravemente—. Es un especÃfico maravilloso, inventado por un americano.
—No me han gustado nunca los inventos americanos, Arthur. Estoy segura de ello. He leÃdo últimamente algunas novelas americanas y me han parecido absolutamente estúpidas.
—¡Ah!, la cosa es muy distinta; este especÃfico se lo garantizo a usted, Lady Clem. Le aseguro que es un remedio infalible. Pero ha de prometerme usted que lo probará.
Y Lord Arthur sacó la bombonera del bolsillo y entrególa a Lady Clementina.