El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville —Los relojes explosivos —dijo Herr Winckelkopf— no son artÃculos de fácil exportación, pues, aunque logren atravesar la Aduana, el servicio de trenes es tan irregular, que por lo general estallan antes de haber llegado a su destino. No obstante, si necesita usted uno corriente para uso doméstico, puedo proporcionarle un artÃculo excelente, con toda clase de garantÃas. ¿Tiene usted la bondad de indicarme a quién está destinado? Si es para la policÃa o para cualquier persona relacionada con Scotland Yard, lo sentiré mucho, pero no podré complacerle. Los policÃas ingleses son realmente nuestros mejores amigos y la experiencia me ha enseñado que confiando en su estupidez, nos es posible hacer cuanto se nos antoje. Ya comprenderá usted que no puedo avenirme a sacrificar ni uno solo de ellos.
—Le aseguro a usted —dijo Lord Arthur—, que esto no tiene la menor relación con la policÃa. En fin, el reloj está destinado al Deán de Chichester.
—¡Caramba! No creà que fuera usted tan exaltado en cuestiones religiosas, Lord Arthur. Pocos jóvenes lo son hoy dÃa.
—Se equivoca usted, Herr Winckelkopf —dijo Lord Arthur sonrojándose—. La verdad es que no tengo la más ligera idea de teologÃa.
—Entonces se trata de un asunto puramente particular.
—Completamente.