El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville —¿Cómo? ¿Ya no la satisfacen a usted sus celebridades, Lady Windermere?
—¡Oh, no, querida! Las celebridades no sirven más que para una temporada. En cuanto se cortan las melenas, resultan la gente más insoportable del mundo. Sin contar que, si es una demasiado buena con ellos, acaban siempre por portarse mal. ¿Recuerda usted aquel horrible Mr. Podgers? Era un impostor tremendo. Claro que eso me tenÃa sin cuidado y aun el que me pidiese dinero prestado; pero no podÃa soportar que me hiciera el amor. Acabó por hacerme odiar la quiromancia. Ahora, lo que me apasiona es la telepatÃa. Es mucho más divertida.
—No irá usted a hablar mal de la quiromancia en esta casa, lady Windermere; es la única cosa sobre la que Arthur no admite bromas. Le aseguro a usted que sus ideas sobre este punto son muy serias.
—¿No querrás decir que cree en ella, Sybil?
—Pregúnteselo usted a él, lady Windermere. Precisamente, aquà llega.
Y Lord Arthur avanzó a través del jardÃn, con un gran ramo de rosas amarillas en la mano y sus dos hijos haciendo cabriolas en torno suyo.
—¿Lord Arthur?
—¿Qué, Lady Windermere?
—¿Es verdad que cree usted en la quiromancia?
—Naturalmente —repuso Lord Arthur, sonriendo.
—Pero, ¿y por qué?