El Millonario modelo
El Millonario modelo El viejo mendigo aprovechó la ausencia de Trevor para descansar unos instantes en un banco de madera que había detrás de él. Parecía tan desamparado y tan desdichado que Hughie no pudo por menos de compadecerse de él, y se palpó los bolsillos para ver qué dinero tenía. Todo lo que pudo encontrar fue una libra de oro y algunas monedas de cobre.
«¡Pobre viejo! -pensó en su interior-, lo necesita más que yo; pero esto supone que no podré tomar un simón en dos semanas.»
Y cruzó el estudio y deslizó la moneda de oro en la mano del mendigo.
El viejo se sobresaltó, y una débil sonrisa revoloteó en sus labios marchitos.
-Gracias, señor -dijo-, gracias.
Entonces llegó Trevor, y Hughie se marchó, sonrojándose un poco por lo que había hecho. Pasó el día con Laura, recibió una encantadora reprimenda por su extravagancia, y tuvo que volver a casa andando.
Aquella noche entró en el Palette Club hacia las once, y encontró a Trevor sentado solo en el salón de fumadores bebiendo vino del Rin con agua de seltz.
-Bien, Alan, ¿terminaste el cuadro? -dijo, mientras encendía su cigarrillo.