El Pescador y su alma
El Pescador y su alma —¡Atrás! ¡Atrás! —gritó el cura—. ¡Esa muchacha está perdida y te perderás con el a!
Y lo expulsó de la casa parroquial sin darle la bendición.
El joven Pescador se dirigió al mercado; caminando lentamente, con la cabeza baja, sumido en una tristeza insondable.
Cuando lo vieron los mercaderes, cuchichearon entre el os, y uno se adelanto. Después de l amarlo por su nombre, le preguntó:
—¿Qué vendes, pescador?
—Vendo mi alma —contesto el joven Pescador—. Te ruego que me la compres, porque estoy cansado con el a. ¿De qué sirve mi alma? No puedo verla. No pudo tocarla. No la conozco.
Entonces los mercaderes se burlaron de él:
—Pero dinos, muchacho, ¿de qué nos servirÃa el alma de un hombre? No vale ni una mala moneda de cobre. Si quieres te podemos comprar tu cuerpo como esclavo, y te vestiremos de rojo y te pondremos un anil o en el dedo y podrás ser el favorito de la gran Reina. Pero no nos hables de tu alma porque a nosotros tampoco nos sirve para nada, ni tiene valor alguno.
El joven Pescador pensó:
—¡Qué cosa rara! El cura dice que el alma vale todo el oro del mundo, pero los mercaderes aseguran que no vale ni una mala moneda de cobre.