El Pescador y su alma
El Pescador y su alma Pero él se echó a reÃr, y la sujetó con más fuerza.
Y cuando el a vio que no podÃa escapar, le susurró al oÃdo:
—¿No te parece que soy tan bel a como las hijas del Mar, tan seductora como las que viven bajo las aguas azules?
Y lo miraba cariñosamente, acercando su rostro al del joven.
Pero el Pescador la rechazó frunciendo el ceño, mientras decÃa:
—Si no cumples la promesa que me hiciste, tendré que matarte por ser bruja falsa y mentirosa.
El a palideció, tomando el color gris lÃvido de la flor del árbol de Judas, y estremeciéndose le señaló:
—Será como quieres. Es tu alma y no la mÃa. Haz con el a lo que se te antoje.
Y se descolgó del cinturón un cuchil ito, con mango de piel de vÃbora verde, para entregárselo. En la hoja centel eaban misteriosas runas.
—¿Y para qué me va a servir esto? —preguntó el Pescador sorprendido.
El a cal ó todavÃa por un instante y una sombra de terror le pasó por el rostro. Luego sonrió extrañamente, sacudió su cabel era reja, y agregó: