El Pescador y su alma
El Pescador y su alma —Lo que los hombres l aman la sombra del cuerpo no es la sombra del cuerpo, sino el cuerpo del alma. Ponte de pie en la playa, de espaldas a la luna, y con este cuchil o corta, desde tus pies, tu sombra, que es el cuerpo de tu alma, y ordénale que se vaya. El a asà tendrá que hacerlo.
El joven Pescador se estremeció de placer.
—¿Es verdad lo que me dices? —murmuró.
—Es cierto, y quisiera no habértelo dicho nunca —murmuró el a l orando, y se abrazó a sus rodil as.
Pero el Pescador la rechazó de nuevo, y la hizo caer sobre la hierba espesa, luego se guardó el cuchil o en el cinturón, caminó hasta el borde de la cima e inició el descenso.
Y su alma, que estaba dentro de él y habÃa escuchado todo, lo l amó para decirle apesadumbrada:
—Escucha, he vivido contigo todos estos años y siempre estuve a tu servicio. No me arrojes ahora... ¿qué mal te he hecho?
Y el joven Pescador se puso a reÃr:
—No me has hecho ningún daño pero no te necesito. El mundo es ancho, y hay Cielo e Infierno, y esa sombrÃa mansión crepuscular que se extiende entre ambos. Ve donde se te ocurra, pero no me importunes, porque mi amor me está l amando.