El Pescador y su alma
El Pescador y su alma Y tomó el cuchil o con mango de piel de víbora verde, y recortó su sombra alrededor, a partir de sus pies. Y la sombra se irguió, y quedó en pie delante de él, y era exactamente igual a él.
Dando un paso atrás, el pescador se guardó el cuchil o en el cinturón, y se sintió dominado por un temor que entraba a las honduras de su ser.
—¡Ahora vete! —murmuro—. ¡Que no vuelva yo a ver tu rostro!
—No —dijo el alma—. Es necesario que nos encontremos de nuevo —su voz era l orosa y aflautada, y sus labios apenas se movían al hablar.
—¿Cómo nos encontraremos? —dijo el pescador — ¿No estarás pensando seguirme a las profundidades del mar?
—Todos los años vendré una vez a este mismo lugar y te l amaré—dijo el alma—. Tal vez me necesites.
—¿Para qué te habría de necesitar? —protestó el joven Pescador—. En fin, haz lo que quieras.
Y se sumergió en el agua. Y los tritones soplaron sus caracolas, y la sirenita nadó para encontrarlo, y lo abrazó besándole en los labios.
Y el alma, de pie en la playa solitaria, los miraba. Y cuando desaparecieron en el mar, se marchó l orando a través de las marismas.
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