El Pescador y su alma
El Pescador y su alma Al dÃa siguiente, muy temprano, cuando el sol todavÃa no se alzaba un palmo por sobre la colina, el joven pescador se dirigió a la casa del cura, y l amó tres veces a la puerta.
El novicio se asomó por el postigo y cuando vio de quien se trataba, descorrió el cerrojo y le dijo:
—Entra.
El joven entró, se arrodil ó sobre la estera de juncos del suelo, y dijo al cura, que leÃa el Libro Santo:
—Padre, estoy enamorado de una hija del Mar, y mi alma impide que consiga mi deseo. Dime por favor, qué es lo que debo hacer para librarme de mi alma, porque no la necesito: ¿De qué me sirve mi alma? No puedo verla, no puedo tocarla, no la conozco.
—¡Oh, mi muchacho, estás loco o has comido quizás algún hongo venenoso! El alma es lo más noble que hay en el hombre, y nos fue dada por Dios para que la usemos noblemente. Nada hay tan precioso como el alma humana, ni cosa terrestre alguna que pueda comparársele. Vale todo el oro del mundo, y es más preciosa que los rubÃes de los reyes. Hijo mÃo, no pienses más en algo asÃ, porque incluso tal pensamiento es un pecado mortal. Los hijos del Mar, el os están perdidos, y los que tienen comercio con el os, lo están también. Son como las bestias del campo, que no distinguen el bien del mal.
¡Por el os no murió nuestro Señor Jesucristo!