El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —SÃ, Dorian —dijo Hallward, hablando muy despacio—; supongo que has hecho bien.
—¿La has visto hoy? —preguntó lord Henry.
Dorian Gray negó con la cabeza.
—La dejé en el bosque de Arden y hoy la encontraré en un huerto de Verona.
Lord Henry saboreó su champán con aire meditabundo.
—¿En qué punto mencionaste la palabra matrimonio, Dorian? ¿Y qué respondió ella? Quizá lo hayas olvidado por completo.
—Mi querido Harry, no me comporté como si fuera un trato comercial, y no le hice explÃcitamente una propuesta de matrimonio. Le dije que la amaba y ella respondió que no era digna de ser mi esposa. ¡Que no era digna! ¡Cuando el mundo entero no es nada para mà comparado con ella!
—Las mujeres son maravillosamente prácticas —murmuró lord Henry—; mucho más prácticas que nosotros. En situaciones como ésa, olvidamos con frecuencia mencionar la palabra matrimonio, pero ellas nos lo recuerdan siempre.
Hallward le puso una mano en el brazo.
—No, Harry. Has disgustado a Dorian, que no es como otros hombres. Dorian nunca harÃa desgraciada a otra persona. Tiene demasiada delicadeza para una cosa asÃ.