El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray Lord Henry miró por encima de la mesa.
—Dorian no está nunca disgustado conmigo —respondió—. He hecho la pregunta por la mejor de las razones, por la única razón, a decir verdad, que disculpa de hacer cualquier pregunta: la simple curiosidad. Mantengo la teorÃa de que son siempre las mujeres quienes nos proponen el matrimonio y no nosotros a ellas. Excepto, por supuesto, las personas de la clase media. Pero lo cierto es que las clases medias no son modernas.
Dorian Gray se echó a reÃr y movió la cabeza.
—Eres completamente incorregible, Harry; pero no me importa. Es imposible enfadarse contigo. Cuando veas a Sibyl Vane comprenderás que el hombre que la tratara mal serÃa un desalmado, un ser sin corazón. No entiendo que nadie quiera avergonzar al ser que ama. Y yo amo a Sibyl Vane. Quiero colocarla sobre un pedestal de oro, y ver cómo el mundo venera a la mujer que es mÃa. ¿Qué es el matrimonio? Una promesa irrevocable. Por eso te burlas de él. ¡No lo hagas! Es una promesa irrevocable la que yo quiero hacer. La confianza de Sibyl me hace fiel, su fe me hace bueno. Cuando estoy con ella, reniego de todo lo que me has enseñado. Me convierto en alguien diferente del que has conocido. He cambiado y el simple hecho de tocar la mano de Sibyl Vane hace que te olvide y que olvide tus falsas teorÃas, tan fascinantes, tan emponzoñadas, tan deliciosas.