El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —No le hagas caso, Dorian —dijo el pintor—. Yo sà entiendo lo que quieres decir y estoy convencido de que esa chica es como dices. La mujer a quien tú ames ha de ser maravillosa, y cualquier muchacha que consigue el efecto que describes ha de ser espléndida y noble. Espiritualizar a la propia época…, eso es algo que merece la pena. Si Sibyl es capaz de dar un alma a quienes han vivido sin ella, si crea un sentimiento de belleza en personas cuyas vidas han sido sórdidas y miserables, si los libera de su egoÃsmo y les presta lágrimas por sufrimientos que no son suyos, se merece toda tu adoración, se merece la adoración del mundo entero. Tu matrimonio con ella es un acierto. Al principio no lo creÃa asÃ, pero ahora lo veo de otra manera. Los dioses han hecho a Sibyl Vane para ti. Sin ella hubieras quedado incompleto.
—Gracias, Basil —respondió Dorian Gray, dándole un apretón de manos—. SabÃa que me entenderÃas. Harry es tan cÃnico que me aterra. Pero aquà llega la orquesta. Aunque espantosa, sólo toca unos cinco minutos aproximadamente. Luego se levanta el telón, y veréis a la muchacha a quien voy a dar toda mi vida, y a la que ya he dado todo lo bueno que hay en mÃ.