El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray Al cerrarse la puerta, Dorian se guardó la llave en el bolsillo y recorrió la biblioteca con la mirada. Sus ojos se detuvieron en un amplio cubrecama de satén morado con bordados en oro que su abuelo habÃa encontrado en un convento próximo a Bolonia. SÃ; servirÃa para envolver el horrible lienzo. Quizás se habÃa utilizado más de una vez como mortaja. Ahora tendrÃa que ocultar algo con una corrupción peculiar, peor que la de los muertos: algo que engendrarÃa horrores sin por ello morir nunca. Lo que los gusanos eran para el cadáver, serÃan sus pecados para la imagen pintada en el lienzo, destruyendo su apostura y devorando su gracia. Lo mancharÃan, convirtiéndolo en algo vergonzoso. Y sin embargo aquella cosa seguirÃa viva, vivirÃa siempre.