El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —Lo que usted diga, señor, pero se llenará de telarañas. Hace casi cinco años que no se abre, desde que murió su señorÃa.
Dorian puso mala cara al oÃr hablar de su abuelo. TenÃa muy malos recuerdos suyos.
—No importa —dijo—. Sólo quiero verla, eso es todo. Deme la llave.
—Y aquà la tiene —dijo la anciana, repasando el contenido de su manojo de llaves con manos trémulamente inseguras—. Ésta es. La sacaré enseguida. ¿No pensará usted vivir allÃ, tan cómodo como está aquÃ?
—No, no —exclamó Dorian, algo irritado—. Muchas gracias, Leaf. Eso es todo.
El ama de llaves tardó aún unos momentos en retirarse, extendiéndose sobre algún detalle del gobierno de la casa. Dorian suspiró, y le dijo que lo administrara todo como mejor le pareciera. Finalmente se marchó, deshaciéndose en sonrisas.