El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —Lo que tengo que decir es esto —exclamó—. Has de darme alguna respuesta a las terribles acusaciones que se hacen contra ti. Si me dices que son absolutamente falsas de principio a fin, te creeré. ¡Niégalas, Dorian, hazme el favor de negarlas! ¿No ves lo mucho que estoy sufriendo? ¡Dios del cielo! No me digas que eres un malvado, un corrupto, un infame.
Dorian Gray sonrió. Un gesto de desprecio le curvó los labios.
—Sube conmigo, Basil —dijo con calma—. Llevo un diario de mi vida que no sale nunca de la habitación donde se escribe. Te lo enseñaré si me acompañas.
—Subiré contigo, Dorian, si asà lo deseas. Veo que ya he perdido el tren. Da lo mismo. Saldré mañana. Pero no me pidas que lea nada esta noche. Todo lo que quiero es una respuesta directa a mi pregunta.
—Te será dada en el último piso. No te la puedo dar aquÃ. No será necesario que leas mucho rato.