El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray Los gorriones alborotaban entre las hojas lacadas de la enredadera y las sombras azules de las nubes se perseguÃan sobre el césped como golondrinas. ¡Qué agradable era estar en el jardÃn! ¡Y cuán deliciosas las emociones de otras personas! Mucho más que sus ideas, en opinión de lord Henry. Nuestra alma y las pasiones de nuestros amigos: ésas son las cosas fascinantes de la vida. Le divirtió recordar en silencio el tedioso almuerzo que se habÃa perdido al quedarse tanto tiempo con Basil Hallward. Si hubiera ido a casa de su tÃa, se habrÃa encontrado sin duda con lord Goodboy, y sólo habrÃan hablado de alimentar a los pobres y de la necesidad de construir alojamientos modelo. Todos los comensales habrÃan destacado la importancia de las virtudes que su situación en la vida les dispensaba de ejercitar. Los ricos hablarÃan del valor del ahorro, y los ociosos se extenderÃan elocuentemente sobre la dignidad del trabajo. ¡Era delicioso haber escapado a todo aquello! Mientras pensaba en su tÃa, algo pareció sorprenderlo. Volviéndose hacia Hallward, dijo:
—Acabo de acordarme.
—¿Acordarte de qué, Harry?
—De dónde he oÃdo el nombre de Dorian Gray.
—¿Dónde? —preguntó Hallward, frunciendo levemente el ceño.