El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —Efectivamente, lady Narborough.
—No creo una sola palabra.
—Bien, pregunte al señor Gray. Es uno de sus amigos más Ãntimos.
—¿Es cierto, señor Gray?
—Eso es lo que ella me ha asegurado, lady Narborough —respondió Dorian—. Le pregunté si, al igual que Margarita de Navarra, habÃa embalsamado los corazones de los difuntos para colgárselos de la cintura. Me dijo que no, porque ninguno de ellos tenÃa corazón.
—¡Cuatro maridos! A fe mÃa que eso es trop de zèle.
—Trop d’audace, le dije yo —comentó Dorian Gray.
—No es audacia lo que le falta, querido mÃo. Y, ¿cómo es Ferroll? No lo conozco.
—Los maridos de mujeres muy hermosas pertenecen a la clase delictiva —dijo lord Henry, saboreando el vino.
Lady Narborough le golpeó con su abanico.
—Lord Henry, no me sorprende en absoluto que el mundo diga de usted que es extraordinariamente malvado.
—Pero ¿qué mundo dice eso? —preguntó lord Henry, alzando las cejas—. Sólo puede ser el mundo venidero. Este mundo y yo mantenemos excelentes relaciones.