El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —¡Poco más que un niño! —repitió con voz burlona—. Pobrecito mÃo, hace casi dieciocho años que el PrÃncipe Azul hizo de mà lo que soy.
—¡Mientes! —exclamó el marinero.
La mujer levantó los brazos al cielo.
—¡Juro ante Dios que te digo la verdad! —exclamó.
—¿Ante Dios?
—Que me quede muda si no es cierto. Es el peor de toda la canalla que viene por aquÃ. Dicen que vendió el alma al diablo por una cara bonita. Hace casi dieciocho años que lo conozco. No ha cambiado mucho desde entonces. Yo, en cambio, sà —añadió con una horrible mueca.
—¿Me juras que es cierto?
—Lo juro —las dos palabras salieron como un eco ronco de su boca hundida—. Pero no le digas que lo he denunciado —gimió—. Le tengo miedo. Dame algo para pagarme una cama esta noche.
James Vane se apartó de ella con una imprecación y corrió hasta la esquina de la calle, pero Dorian Gray habÃa desaparecido. Cuando volvió la vista, tampoco encontró a la mujer.