El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —Porque —respondió lord Henry, llevándose a la nariz una vinagrera dorada y aspirando el olor— en la actualidad se puede sobrevivir a todo, pero no a eso. La muerte y la vulgaridad son los dos hechos del siglo XIX que carecen de explicación. El café lo tomaremos en la sala de música, Dorian. Has de tocar a Chopin en mi honor. El individuo con quien se escapó mi mujer tocaba Chopin de manera verdaderamente exquisita. ¡Pobre Victoria! Le tenÃa mucho cariño. La casa se ha quedado muy sola sin ella. Por supuesto la vida matrimonial no es más que una costumbre, una mala costumbre. Pero la verdad es que lamentamos la pérdida incluso de nuestras peores costumbres. Quizá sean las que más lamentamos. Son una parte demasiado esencial de nuestra personalidad.
Dorian no dijo nada, pero se levantó de la mesa y, pasando a la habitación vecina, se sentó ante el piano y dejó que sus dedos se perdieran sobre el marfil blanco y negro de las teclas. Cuando trajeron el café dejó de tocar y, volviéndose hacia lord Henry, dijo:
—Harry, ¿se te ha ocurrido pensar alguna vez que quizá Basil Hallward haya muerto asesinado?
Lord Henry bostezó.