El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —Las buenas influencias no existen, señor Gray. Toda influencia es inmoral; inmoral desde el punto de vista cientÃfico.
—¿Por qué?
—Porque influir en una persona es darle la propia alma. Esa persona deja de pensar sus propias ideas y de arder con sus pasiones. Sus virtudes dejan de ser reales. Sus pecados, si es que los pecados existen, son prestados. Se convierte en eco de la música de otro, en un actor que interpreta un papel que no se ha escrito para él. La finalidad de la vida es el propio desarrollo. Alcanzar la plenitud de la manera más perfecta posible, para eso estamos aquÃ. En la actualidad las personas se tienen miedo. Han olvidado el mayor de todos los deberes, lo que cada uno se debe a sà mismo. Son caritativos, por supuesto. Dan de comer al hambriento y visten al desnudo. Pero sus almas pasan hambre y ellos mismos están desnudos. Nuestra raza ha dejado de tener valor. Quizá no lo haya tenido nunca. El miedo a la sociedad, que es la base de la moral; el miedo a Dios, que es el secreto de la religión: ésas son las dos cosas que nos gobiernan. Y, sin embargo…
—Vuelve la cabeza un poquito más hacia la derecha, Dorian, como un buen chico —dijo el pintor, enfrascado en su trabajo, sólo consciente de que en el rostro del muchacho habÃa aparecido una expresión completamente nueva.