El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray Dorian se levantó del piano y se pasó la mano por el cabello.
—SÃ; la vida me ha dado placeres exquisitos —murmuró—, pero voy a cambiar, Harry. Y no debes hacerme esos elogios tan excesivos. No lo sabes todo. Creo que si lo supieras, también tú te alejarÃas de mÃ. RÃes. No debieras hacerlo.
—¿Por qué has dejado de tocar, Dorian? Vuelve al piano y obséquiame otra vez con ese nocturno. Contempla la enorme luna color de miel que cuelga en la oscuridad. Está esperando a que la encandiles, y si tocas se acercará más a la tierra. ¿No quieres? Vayámonos entonces al club. Ha sido una velada deliciosa y debemos acabarla de la misma manera. Hay alguien en el White que tiene un deseo inmenso de conocerte: se trata del joven lord Poole, el hijo mayor de Bournemouth. Ya te ha copiado las corbatas, y ahora me suplica que te lo presente. Es un muchacho encantador y me recuerda mucho a ti.
—Espero que no —dijo Dorian, con una expresión triste en los ojos—. Lo cierto es que esta noche estoy cansado, Harry. No voy a ir al club. Son casi las once y quiero acostarme pronto.
—Quédate, por favor. Nunca habÃas tocado tan bien como esta noche. HabÃa algo maravilloso en tu estilo. Resultaba más expresivo que nunca.
—Eso se debe a que voy a ser bueno —respondió él, sonriendo—. Ya he cambiado un poco.