El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —Para mà no puedes cambiar —dijo lord Henry—. Tú y yo siempre seremos amigos.
—En una ocasión, sin embargo, me envenenaste con un libro. Eso no lo olvidaré. Harry, prométeme que nunca le prestarás ese libro a nadie. Hace daño.
—Mi querido muchacho, es cierto que estás empezando a moralizar. Muy pronto saldrás por ahà como los conversos y los evangelistas, poniendo a la gente en guardia contra todos los pecados de los que ya te has cansado. Eres demasiado encantador para hacer una cosa asÃ. Además, no sirve de nada. Tú y yo somos lo que somos, y seremos lo que seremos. En cuanto a ser envenenado por un libro, no existe semejante cosa. El arte no tiene influencia sobre la acción. Aniquila el deseo de actuar. Es magnÃficamente estéril. Los libros que el mundo llama inmorales son libros que muestran al mundo su propia vergüenza. Eso es todo. Pero no vamos a discutir sobre literatura. Ven a verme mañana. Iré a montar a caballo a las once. Podemos hacerlo juntos y luego te llevaré a almorzar con lady Branksome. Es una mujer encantadora, y quiere hacerte una consulta sobre ciertos tapices que piensa comprar. No te olvides de venir. ¿O te parece mejor que almorcemos con nuestra duquesita? Dice que ahora no te ve nunca. ¿Acaso te has cansado de Gladys? Ya pensaba yo que terminarÃa por sucederte. Esa lengua suya tan inteligente acaba por exasperar a cualquiera. De todos modos, no dejes de estar aquà a las once.