El ruiseñor y la rosa
El ruiseñor y la rosa -Mira, mira -gritó el rosal-, ya está terminada la rosa.
Pero el ruiseñor no respondió: yacÃa muerto sobre las altas hierbas, con el corazón traspasado de espinas.
A mediodÃa el estudiante abrió su ventana y miré hacia afuera.
-¡Qué extraña buena suerte! -exclamó-. ¡He aquà una rosa roja! No he visto una rosa semejante en toda mi vida. Es tan bella, que estoy seguro de que debe tener en latÃn un nombre enrevesado.
E inclinándose, la cogió.
En seguida se puso el sombrero y corrió a casa del profesor con su rosa en la mano.
La hija del profesor estaba sentada a la puerta. Devanaba seda azul sobre un carrete, con un perrito echado a sus pies.