La Decadencia de la mentira
La Decadencia de la mentira Cyril.— Seria matización, desde luego, pero debo decir que me pareces un tanto injusto en algunas de tus censuras. A mí me gustan El juez, La hija de Heth, El discípulo y El señor Isaacs, y Robert Elsmere me entusiasma. No es que la pueda tomar en serio. Como exposición de los problemas que afronta el cristiano sincero es ridícula y anticuada. Es sencillamente el Literatura y dogma de Arnold sin la literatura. Está tan desfasada con los tiempos como las Pruebas de Paley o el método de exégesis bíblica de Colenso. Y no podría haber nada menos afortunado que ese pobre protagonista que anuncia con toda gravedad una aurora que hace tiempo despuntó, y con tal desconocimiento de su verdadera significación que propone llevar adelante el mismo negocio de la antigua empresa bajo el nuevo nombre. Por otra parte, la obra contiene varias caricaturas acertadas, y una porción de citas deliciosas, y la filosofía de Green endulza muy gratamente la pildora un tanto amarga de la ficción del autor. Tampoco puedo ocultarte mi sorpresa de que no hayas dicho nada de los dos novelistas que lees a todas horas, Balzac y George Meredith. ¿Acaso no son realistas los dos[11]?