La Decadencia de la mentira
La Decadencia de la mentira Cyril.— ¡Conque escribiendo un artÃculo! No es muy congruente con lo que acabas de decir.
Vivian.— ¿Y quién pretende ser congruente? El obtuso, el doctrinario, la gente insoportable que lleva sus principios hasta el vergonzoso extremo de la acción, hasta la reductio ad absurdum de la práctica. Yo no. Yo, como Emerson, escribo sobre la puerta de mi biblioteca la palabra «Antojo[2]». Además, mi artÃculo no es sino una advertencia saludable y valiosa. Si encuentra eco, puede haber un nuevo Renacimiento del Arte.
Cyril.— ¿De qué trata?
Vivian.— Pienso titularlo «La decadencia de la mentira. Una protesta».
Cyril.— ¿De la mentira? Yo creÃa que nuestros polÃticos mantenÃan a alto nivel esa costumbre.