La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto LADY BRACKNELL.—Debo decirte, Algy, que, a mi juicio, ya es hora de que el señor Bunbury se decida por fin a vivir o a morirse. Su indecisión en este tema es absurda. Repruebo tajantemente la simpatía moderna hacia los enfermos crónicos. Lo considero morboso. La enfermedad, sea la que fuere, no es cosa que deba alentarse en el prójimo. Cuidar la salud es la primera obligación en la vida. Se lo digo siempre a tu pobre tío, pero no parece hacerme mucho caso… a juzgar por la leve mejoría que experimenta en sus dolencias. Te agradeceré mucho que le pidas al señor Bunbury que hiciese el favor de L no tener una recaída el sábado, pues cuento contigo para que me f organices la música. Es la última recepción que doy y necesito algo que anime las conversaciones, en particular a fin de temporada, cuando la gente ha dicho realmente todo lo que tenía que decir, lo cual, en la mayoría de los casos, no era probablemente mucho.
ALGERNON.—Hablaré a Bunbury, tía Augusta, si es que no ha perdido, aún la cabeza, y creo poder prometerte que no tendrá ninguna recaída el sábado. Claro es que la música va a ser algo difícil. Mire usted: si se toca buena música, la gente no escucha, y si se toca mala música, nadie habla. Pero tocaré todo el programa que he preparado, si quiere usted tener la amabilidad de acompañarme a la habitación f contigua un momento.