La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto LADY BRACKNELL.—Te lo agradezco, Algy; eres muy precavido. (Se levanta y sigue a Algernon.) Tengo la certeza de que el programa será encantador luego de que hagamos unas pequeñas purgas. No puedo tolerar canciones francesas. Parece que la gente cree que son indecentes, y, ponen unos rostros escandalizados, lo cual es vulgar, o se rÃen, lo cual es peor aún. Sin embargo, el alemán suena como un idioma perfectamente respetable, y realmente asà lo creo. Gwendolen, ¿quieres acompañarme?
GWENDOLEN.—Voy, mamá.
Lady Bracknell y Algernon se dirigen a la sala de música. Gwendolen se queda atrás.
JACK.—¡Qué hermoso dÃa hace, señorita Fairfax!
GWENDOLEN.—Le suplico que no me hable del tiempo, señor Worthing. Siempre que una persona me habla de ese tema tengo la absoluta seguridad de que quiere decir algo más. Y eso me pone sumamente nerviosa.
JACK.—En efecto, quiero decirle algo más.
GWENDOLEN.—Ya me lo figuraba. En verdad, nunca me equivoco.
JACK.—Quisiera que me permitiera aprovechar la ocasión favorable creada por la ausencia momentánea de lady Bracknell.
GWENDOLEN.—Le aconsejarÃa que lo hiciese. Mamá tiene una manera súbita de entrar en una habitación, que me ha forzado a reconvenirla muchas veces.