La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto CECILIA.—Hasta ahora no he conocido aún a ningún hombre verdaderamente malo. Me siento un poco asustada. Mucho me temo que se parezca a todos los demás. (Entra Algernon muy alegre y desenvuelto.) ¡Y se parece!
ALGERNON.—(quitándose el sombrero) Seguramente tú eres mi pequeña prima Cecilia.
CECILIA.—Está terriblemente equivocado. No soy pequeña. En verdad, creo que estoy más crecida dé lo corriente para mi edad. (Algernon se siente sumamente confundido.) No obstante, sà soy su prima Cecilia. Ya veo por su taijeta que es usted el hermano del tÃo Jack, mi primo Ernesto, mi infame primo Ernesto.
ALGERNON.—¡Oh! En verdad, no soy infame, ni mucho menos, prima Cecilia. No debes tener esa opinión de mÃ.
CECILIA.—Si no es perverso, nos ha estado mintiendo, indudablemente, a todos, de la manera más inaceptable. Ojalá que no esté llevando una doble vida, intentando ser perverso y ser realmente afable durante todo este tiempo. A esa actitud se le llama hipocresÃa.
ALGERNON.—(observándola con estupefacción) ¡Oh! Por supuesto que he sido un poco imprudente.
CECILIA.—Me alegra escucharlo.
ALGERNON.—Verdaderamente, ya que lo mencionas, he sido todo lo perverso que he podido en mi breve vida.
CECILIA.—No creo que deba ufanarse de ella, aunque, indudablemente, haya sido muy satisfactoria.