La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto CECILIA.—Pues el miércoles por la noche, mientras cenábamos, dijo que tendrÃa que escoger entre este mundo, el otro y Australia.
ALGERNON.—¡Ah! Bueno. Los informes que he recibido de Australia y del otro mundo son poco alentadores. Este mundo es suficientemente bueno para mÃ, prima Cecilia.
CECILIA.—Lo sé; sin embargo, ¿es usted bastante bueno para él?
ALGERNON.—Temo que no. Por ello quiero que tú me reformes. Puedo ser tu misión, si no te importa, prima Cecilia.
CECILIA.—Esta tarde no puedo.
ALGERNON.—Bueno, no te importará si comienzo a reformarme yo solo esta tarde, ¿verdad?
CECILIA.—SerÃa un poco quijotesco de su parte. Sin embargo, creo que debe intentarlo.
ALGERNON.—Lo intentaré. Incluso me siento ya mejor.
CECILIA.—Pues su aspecto demuestra lo contrario.
ALGERNON.—Eso es porque tengo hambre.
CECILIA.—¡Qué descortesÃa la mÃa! DeberÃa haber recordado que, cuando uno va a comenzar una vida completamente nueva, uno necesita comer en abundancia y sanamente. ¿Quiere cenar?