La importancia de llamarse Ernesto

La importancia de llamarse Ernesto

ALGERNON.—Se lo agradezco. ¿Podría tomar antes una flor para el ojal? Nunca tengo apetito si no llevo una flor en el ojal.

CECILIA.—¿Aceptaría una caléndula? (Toma las tijeras.)

ALGERNON.—Discúlpame, pero preferiría una rosa sonrosada.

CECILIA.—¿Por qué? (Corta una flor.)

ALGERNON.—Porque pareces una rosa sonrosada, prima Cecilia.

CECILIA.—Creo que es incorrecto que me hable de esa forma. La señorita Prism no me dice nunca esas cosas.

ALGERNON.—Entonces será una vieja dama miope. (Cecilia le coloca la rosa en el ojal.) Eres la muchacha más bonita que he visto en mi vida.

CECILIA.—La señorita Prism asegura que todas las personas encantadoras son una trampa.

ALGERNON.—Una trampa en la que todo hombre prudente querría dejarse atrapar.

CECILIA.—¡Oh! Creo que a mí no me gustaría atrapar a un hombre sensato. No sabría de qué hablarle.

Entran en la casa. La señorita Prism y el doctor Chasuble regresan.

SEÑORITA PRISM.—Está usted muy solo, mí estimado doctor Chasuble. Debería casarse. Le comprendo, todavía misántropo; pero un mujerántropo, ¡jamás!


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