La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto CHASUBLE.—(con un escalofrÃo de hombre docto) No merezco, créame, un vocablo de tan marcado neologismo. El precepto, asà como la práctica de la Iglesia primitiva, eran claramente opuestos al matrimonio.
SEÑORITA PRISM.—(sentenciosamente) Ésa es, sin duda alguna, la razón de que la Iglesia primitiva no haya durado hasta nuestros dÃas. No parece usted darse cuenta, mi querido doctor, de que un hombre que se empeña en permanecer soltero se convierte en una perpetua tentación pública. Los hombres deberÃan ser más prudentes; su propio celibato es lo que pierde a las naturalezas frágiles.
CHASUBLE.—Sin embargo, ¿es que un hombre no tiene los mismos atractivos cuando está casado?
SEÑORITA PRISM.—Un hombre casado no posee nunca atractivos más que para su mujer.
CHASUBLE.—Y, según me han dicho, muchas veces ni siquiera para ella
SEÑORITA PRISM.—Eso depende de las simpatÃas intelectuales de la mujer. Se puede siempre confiar en la edad madura. Se puede dar crédito a la madurez. Las mujeres jóvenes están verdes. (Él doctor Chasuble se estremece.) Hablo en términos de horticultura. Mi metáfora estaba tomada de las ñutas. Pero, ¿dónde está Cecilia?
CHASUBLE.—Tal vez nos haya seguido a las escuelas.