La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto GWENDOLEN.—¡Ah! Eso lo aclara todo. Y ahora que lo pienso, jamás he escuchado a un hombre hablar de su hermano. Por lo visto, el tema parecÃa desagradable para la mayorÃa de la gente. Cecilia, me has quitado un gran peso de encima. Estaba comenzando a sentirme intranquila Hubiera sido cruel que una nube cualquiera enturbiase una amistad como la nuestra, ¿no lo crees asÃ? Dime: ¿estás segura, totalmente segura de que el señor Ernesto Worthing no es tu tutor?
CECILIA.—Plenamente segura. (Pausa.) Realmente, voy a ser yo su tutora.
GWENDOLEN.—con tono interrogante) ¿Cómo has dicho?
CECILIA.—(tÃmiday confidencialmente) Mi adorada Gwendolen, no hay razón para que te guarde un secreto. Nuestro pequeño periódico local tal vez publique la noticia la semana próxima. El señor Ernesto Worthing y yo somos novios y nos vamos a casar.
GWENDOLEN.—(levantándose, muy amablemente) Mi estimada Cecilia, sospecho que en eso debo de haber alguna mala interpretación. El señor Ernesto Worthing es mi prometido. La noticia se publicará en el Moming Post del sábado, lo más tarde.
CECILIA.—(muy cortésmente, levantándose) Creo que debes de estar un poco confundida. Ernesto se me declaró hace diez minutos. (Le muestra el diario.)