La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto GWENDOLEN.—(examinando con atención el diario con las gafas puestas) Es verdaderamente rarÃsimo, pues me suplicó que fuese su esposa ayer por la tarde, a las cinco y media. Si deseas comprobar el hecho, hazlo, te lo imploro. (Saca su propio diario y añade): Siempre que viajo llevo mi diario. Debe una llevar siempre algo sensacional para leer en el tren. Querida Cecilia, me darÃa mucha pena que esta compleja situación te pudiera causar alguna desilusión, sin embargo, creo que tengo prioridad.
CECILIA.—Mi apreciada Gwendolen, sentirÃa de una manera indescriptible el haberte causado cualquier angustia mental o fÃsica, sin embargo, es mi obligación precisar que, desde que Ernesto se te declaró, ha cambiado rotundamente de opinión.
GWENDOLEN.—(con aire meditabundo) Si ese desventurado muchacho se ha dejado atrapar por la trampa de alguna promesa absurda, consideraré que es mi obligación librarle de ella sin demora y con mano firme.
CECILIA.—(abstraÃda y apenada) Cualquier enredo en el que se haya inmiscuido mà adorado Ernesto, jamás se lo recriminaré después que nos hayamos casado.
GWENDOLEN.—¿Se refiere a mi, señorita Cardew, como a un enredo? Es usted muy atrevida. En ocasiones como ésta, es más que un deber moral el decir lo que uno piensa. Se convierte en un placer.