La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto Cecilia la mira Ãnfima, toma las pinzas y pone cuatro terrones de azúcar en la taza.
CECILIA.—(secamente) ¿Tarta o pan con mantequilla?
GWENDOLEN.—(con indolencia) Pan con mantequilla, por favor. Las tartas ya casi no se ofrecen en las casas de las buenas familias.
CECILIA.—(cortando una rebanada grande de tarta y colocándola en el plato) Pase usted esto a la señorita Fairfax.
Merriman obedece y se retira con el sirviente. Gwendolen bebe el té y hace un gesto. Deja inmediatamente la taza, estira una mano hada el pan con mantequilla, lo observa advierte que es tarta. Se levanta encolerizada.
GWENDOLEN.—Ha puesto muchos terrones de azúcar en mi té y, aunque le he pedido claramente pan con mantequilla, me ha servido tarta. Todo el mundo conoce la dulzura de mi carácter y la extraordinaria bondad de mi genio; san embargo, le advierto, señorita Cardew, que ha llegado demasiado lejos.
CECILIA.—(poniéndose de pie) Para proteger a mi desdichado, honesto y confiado muchacho de las intrigas de cualquier otra muchacha, no existen lÃmites que no franquearÃa.