La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto ALGERNON.—En efecto, y un bunburineo completamente maravilloso. El más maravilloso que jamás haya experimentado.
JACK.—Bueno; pues no tienes el menor derecho a bunburizar aquÃ.
ALGERNON.—Eso es inadmisible. Uno tiene el derecho a bunburizar en el sitio que desee. Incluso los bunburistas más serios lo saben.
JACK.—¡Bunburista serio! ¡Por Dios!
ALGERNON.—Bueno, uno debe ser serio con algo, si uno quiere tener algo de diversión en su vida. A mà se me ocurre ser serio en lo tocante al bunburismo. No tengo ni la más remota idea de lo que haces tú en serio. AI menos, eso me imagino. ¡Tu carácter es tan ridÃculo!…
JACK.—La única pequeña satisfacción que me queda en todo este infausto asunto es que tu amigo Bunbury está bastante explotado. Dudo que puedas correr al campo tan a menudo como acostumbrabas hacerlo, mi estimado Algy. Eso está muy bien.
ALGERNON.—Tu hermano está también un poco decaÃdo, ¿no es verdad, apreciado Jack? No podrás escabullirte a Londres con tanta frecuencia como solÃas. Y eso no está mal tampoco.