La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto ALGERNON.—Sinceramente, no distingo ni un ápice de romántico en una propuesta de matrimonio. Sentirse enamorado es muy romántico. Sin embargo, no hay nada romántico en una declaración definitiva. Porque incluso puede uno ser aceptado. Creo que de esa manera ocurre, generalmente. Y entonces se acabó todo entusiasmo. La verdadera esencia del romanticismo es la incertidumbre. Si llego a casarme, procuraré olvidarme del amor.
JACK.—Te creo, mi apreciado Algy. El divorcio fue exclusivamente inventado para personas cuya memoria está curiosamente constituida.
ALGERNON.—¡Oh! Es en vano hacer reflexiones de este tema. Los divorcios se realizan en el cielo. (Jack estira la mano para coger un sándwich, Algernon no se lo permite.) Por favor, deja de comer los sandwiches de pepino. He ordenado que los preparen especialmente para tÃa Augusta. (Luego de decir esto toma uno y se lo come.)
JACK.—Pero, ¿por qué me los niegas y tú no paras de comértelos?
ALGERNON.—Eso es totalmente distinto. Yo soy su sobrino. (Coge un plato) Come un trozo de pan con mantequilla. El pan con mantequilla es para Gwendolen. A Gwendolen le fascina el pan con mantequilla.
JACK.—(arrimándose a la mesa y sirviéndose él mismo) Este pan y esta mantequilla están muy sabrosos.