La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto LADY BRACKNELL.—¡Muerto! ¿Y cuándo murió el señor Bunbury? Su muerte ha debido de ser muy súbita.
ALGERNON.—(con alegrÃa) ¡Oh! Esta tarde le he matado… Digo, el desdichado Bunbury murió esta tarde.
LADY BRACKNELL.—¿Y de qué murió?
ALGERNON.—¿Quién, Bunbury? ¡Oh! Estalló por completo.
LADY BRACKNELL.—¿Que estalló? ¿Fue vÃctima de un atentado revolucionario? No sabÃa yo que el señor Bunbury estuviese interesado por la legislación social. Si asà era, recibió un merecido castigo por su morbosidad.
ALGERNON.—Adorada tÃa Augusta, he tratado de decir que le descubrieron. Es decir… que los médicos descubrieron que Bunbury no podÃa vivir…, y Bunbury murió, por lo tanto.
LADY BRACKNELL.—Parece ser que tuvo una gran confianza en la opinión de sus médicos. No obstante, me da mucha alegrÃa que resolviese, por último, adoptar una regla de decisiva conducta por prescripción facultativa, Y ahora que estamos ya libres de ese señor Bunbury, ¿puedo preguntarle, señor Worthing, quién es ésa personita cuya mano sostiene mi sobrino Algernon de una manera que me parece totalmente inútil?
JACK.—Esa personita es la señorita Cecilia Cardew, mi pupila.
Lady Bracknell saluda con indiferencia a Cecilia.