Poemas en prosa
Poemas en prosa —¿Por qué me miras siempre asà cuando paso? ¿Qué es lo que veo en tus ojos? Pues ningún hombre me ha mirado nunca de ese modo. Y es para mà un aguijón y una inquietud.
Y el Ermitaño le respondió y dijo:
—Lo que ves en mis ojos es la compasión. Es la compasión quien te mira por mis ojos.
Y el joven rió con sarcasmo y gritó al Ermitaño con voz amarga, y le dijo:
—Yo tengo púrpura y perlas en mis manos, y tú no tienes para acostarte más que una estera de juncos. ¿Qué compasión tendrÃas de mÃ? ¿Y por qué causa tienes esa compasión.
—Tengo compasión de ti —dijo el Ermitaño— porque tú no tienes ningún conocimiento de Dios.
—¿El conocimiento de Dios es una cosa preciosa? —preguntó el joven, y se acercó a la entrada de la caverna.
—Es más preciosa que toda la púrpura y todas las perlas del mundo —respondió el Ermitaño.
—¿Y la posees tú? —dijo el Ladrón, acercándose todavÃa más.
—En otro tiempo —respondió el Ermitaño— poseÃa realmente el conocimiento de Dios. Pero en mi locura lo repartà y dividà entre otros. Sin embargo, aun ahora, semejante recuerdo es para mà más precioso que la púrpura o las perlas.