Poemas en prosa
Poemas en prosa —Cuando un hombre vende por primera vez su alma es como aquel otro traidor de antaño y, por consiguiente, su precio será treinta monedas de plata. Pero, después de esto, si pasa a otras manos, su valor menguará, pues, para los demás, las almas de sus semejantes apenas si valen nada.
AsÃ, por treinta monedas de plata, el hombre vendió su alma, que el viajero tomó, yéndose luego.
Inmediatamente, el hombre, encontrándose sin alma, encontró también que no podÃa pecar. Por más que tendÃa sus brazos al pecado, el pecado no venÃa a él.
—No tienes alma —decÃa el pecado, pasando de largo—. ¿Por qué, pues, iba a venir contigo? ¿Qué provecho iba a encontrar en un hombre que no tiene alma?
Entonces, el hombre sin alma se apesadumbró profundamente, pues aunque sus manos tocaban lo inmundo permanecÃan limpias, y aunque su corazón anhelaba la perversidad permanecÃa puro; y cuando sus labios se sentÃan sedientos de fuego, he aquà que continuaban frÃos.
Por consiguiente, el ansia de recuperar su alma apoderóse de él, y vagó a través del mundo en busca del viajero a quien se la vendiera, a fin de poderla rescatar y gustar nuevamente del pecado en su propio cuerpo.
Al cabo de largo tiempo se encontró por fin con el viajero; pero éste, al oÃr su petición, se echó a reÃr y dijo: