Poemas en prosa
Poemas en prosa —Tu alma no tardó en hastiarme, asà que se la vendà a un judÃo por una suma menor de la que yo te pagué por ella.
—¡Ah! —exclamó el hombre—. Si hubieses acudido a mÃ, yo te habrÃa pagado más.
El viajero contestó:
—No habrÃas podido hacerlo; un alma no puede ser comprada ni vendida más que en su justo precio. Tu alma, durante el tiempo que fue mÃa, disminuyó de valor. Asà que, para librarme de ella, la vendà al primero que se terció por mucho menos de lo que yo pagué por ella.
Separándose, pues, de él, el hombre continuó su peregrinaje por todo el haz de la tierra, en busca de su alma perdida. Y he aquà que un dÃa, sentado en el bazar de una ciudad, una mujer que pasaba a su lado le miró, y le dijo:
—¿Por qué estás tan triste, señor? Me parece que no puede haber razón para tamaña tristeza.
Y el hombre contestó:
—Estoy triste porque no tengo alma y vago en su busca.
Y la mujer dijo: