Poemas en prosa
Poemas en prosa —La otra noche, precisamente, compré un alma que habÃa pasado por tantas manos, que habÃa perdido casi todo su valor. A tal extremo, que no me disgustarÃa verme libre de ella. Y eso que no me costó sino una canción, pues un alma no puede ser vendida más que en su justo precio. AsÃ, ¿cómo podré revenderla de nuevo? Pues, ¿qué habrá que valga menos que una canción? Y una canción liviana que canté apurando una copa de vino al hombre que me la vendió.
Cuando el otro hubo oÃdo aquello, exclamó:
—¡Ésa debe ser mi alma! ¡Véndemela, y te daré todo lo que poseo!
Pero la mujer dijo:
—¡Ah! Yo pagué por ella una canción, y no puedo revenderla sino a su justo precio. ¿Cómo, pues, librarme de ella, por mucho que grite y se lamente para que la pongan en libertad?
El hombre sin alma puso su oÃdo sobre el seno de la mujer, y oyó dentro al alma cautiva, debatiéndose para verse libre, para volver al cuerpo que fuera el suyo.
—No cabe duda; es mi alma —clamó el hombre—. ¡Mi propia alma! Si quieres vendérmela, te daré mi cuerpo, que vale aún menos que una canción de tus labios.
AsÃ, a cambio de su cuerpo, la mujer le vendió su alma, que se debatÃa por volver a su morada primitiva.