Salome
Salome —Princesa, dispón de nuestra vida si te place; mas no nos obligues a hacer lo que no podemos. Debes dirigirte a otra persona.
SALOMÉ (Mirando a Narraboth):
—¡Ah!
PAJE:
—¡Oh!, ¿qué va a ocurrir? Sin duda, algo funesto.
SALOMÉ (Se acerca a Narraboth y le habla por lo bajo con vehemencia):
—Tú lo harás por mÃ, Narraboth, ¿no es verdad? Siempre he sido buena contigo. Lo harás por mÃ. Tan sólo quiero ver a ese extraño profeta. Habla de él tanto la gente… El tetrarca tiene siempre su nombre en los labios. Creo que le tiene miedo. ¿Le temerás tú también, Narraboth?
NARRABOTH:
—A nadie temo, princesa. Pero el tetrarca ha prohibido expresamente que nadie levante la tapa de la cisterna.
SALOMÉ:
—Pero por mà la alzarás, Narraboth (Muy vehemente), y mañana, cuando yo pase en mi litera por el atrio donde están los Ãdolos, dejaré caer para ti una florecilla, una florecilla verde.
NARRABOTH: