Salome
Salome —Princesa, no puedo, no puedo.
SALOMÉ (Insinuante):
—Lo harás por mÃ, Narraboth. De sobra sabes que lo harás por mÃ. Y mañana temprano, al pasar por la puerta de los vendedores de Ãdolos, te arrojaré una mirada por entre los velos; te miraré, Narraboth, y puede que hasta te sonrÃa. MÃrame, Narraboth, mÃrame. ¡Ah!, ya sé que harás lo que te pido. ¡Harto lo sé! (Recia) Sé que lo harás.
NARRABOTH (Hace una seña a los soldados):
—Sacad al profeta… La princesa Salomé desea verle.
(Sale el profeta de la cisterna)
SALOMÉ:
—¡Ah!
PAJE:
—¡Oh! ¡Qué rara está la luna! Parece la faz de una muerta velada con el sudario fúnebre.
NARRABOTH:
—En verdad que es raro su aspecto. Parece una princesita de ojos de ámbar… SÃ, por entre las nubes blanquecinas sonrÃe como una princesita.
(El profeta sale de la cisterna. Salomé, absorta en su contemplación, retrocede lentamente ante él)